Desde colonia Roma, Ciudad de México
Horacio (en París):
Tu amargura hace eco en la tristeza que siento cuando voy a Oaxaca y veo a mis amigos desempleados, a los jóvenes sin más oportunidad de desarrollo que irse a Estados Unidos. Veo a mi madre llorar cuando sus nietas se regresan a Ciudad de México y recuerdo cómo lloré cuando tenía 16 años y me vine yo también acá, pues allá no era posible vivir con mayores posibilidades. La semana pasada miré las montañas secas, los pueblos habitados sólo por viejos, a los jóvenes que recibe una mala educación para la vida. Pienso en nosotros como una raza condenada a morir en medio de la violencia causada por el hambre y por la sed. Como si nuestra sangre no mereciera permanecer sobre la tierra.
Lo que para tí podrá parecer hedonismo es simple serenidad. Con la mente en calma puedo ver sin sentir dolor, y al no estar distraído por mis emociones no caigo en la trampa de la sensiblería y alcanzo más lucidez. Mas este estado es un equilibrio metaestable. Cuesta trabajo acceder a él. No obstante, sé que puedo regresar pues la vida no es más que una ilusión. En el fondo de mí no hay nada y qué aburrido es vivir engolosinado con la profudidad del ser. Como buen mestizo el vacío me aburre y por eso saturo mis sentidos –hedonísticamente. Sólo me sumerjo en el estanque de la vida.
Desde lejos veo las trampas en que caes. Hace años que son las mismas. Tu también en la distancia has de ver las mías. Si yo fuera tú vendría a México a dejarme querer por quienes me quieren. Yo no podría sufrir como lo haces. Pero cada quien, pero allá tú.
Enviada desde Colonia Roma, Verano 2002
Tu amargura hace eco en la tristeza que siento cuando voy a Oaxaca y veo a mis amigos desempleados, a los jóvenes sin más oportunidad de desarrollo que irse a Estados Unidos. Veo a mi madre llorar cuando sus nietas se regresan a Ciudad de México y recuerdo cómo lloré cuando tenía 16 años y me vine yo también acá, pues allá no era posible vivir con mayores posibilidades. La semana pasada miré las montañas secas, los pueblos habitados sólo por viejos, a los jóvenes que recibe una mala educación para la vida. Pienso en nosotros como una raza condenada a morir en medio de la violencia causada por el hambre y por la sed. Como si nuestra sangre no mereciera permanecer sobre la tierra.
Lo que para tí podrá parecer hedonismo es simple serenidad. Con la mente en calma puedo ver sin sentir dolor, y al no estar distraído por mis emociones no caigo en la trampa de la sensiblería y alcanzo más lucidez. Mas este estado es un equilibrio metaestable. Cuesta trabajo acceder a él. No obstante, sé que puedo regresar pues la vida no es más que una ilusión. En el fondo de mí no hay nada y qué aburrido es vivir engolosinado con la profudidad del ser. Como buen mestizo el vacío me aburre y por eso saturo mis sentidos –hedonísticamente. Sólo me sumerjo en el estanque de la vida.
Desde lejos veo las trampas en que caes. Hace años que son las mismas. Tu también en la distancia has de ver las mías. Si yo fuera tú vendría a México a dejarme querer por quienes me quieren. Yo no podría sufrir como lo haces. Pero cada quien, pero allá tú.
Enviada desde Colonia Roma, Verano 2002

0 Comments:
Post a Comment
<< Home