Desde el pozo de la autoayuda, México 2002
Siempre pretendí ser diferente a los demás. Desde niño cancelé los esfuerzos que mis semejantes hacían por aprender a jugar las canicas y ser los ganadores. De los deportes ni se diga, fui de los más débiles, del círculo de los más torpes a quienes nadie quería tener en su equipo pues era un punto a favor de la derrota. Mis intereses estaban dedicados a leer monografías sobre la historia del mundo, sobre la geografía y costumbres de los países. Fui el primero en mi grupo en aprenderme las ciudades capitales de todas las naciones y en mi memoria cabían las banderas de los países americanos y europeos. Mi conocimiento del planeta me hacía sentir distinto a los otros, y por ello de alguna forma superior. Comenzó a habitar la soberbia en mis actos. Aprendí sin más orientación que la moral católica: privilegiar y a distinguir. Osadía estúpida en un niño miope y gordo que se empecinaba a obtener las calificaciones más altas, objetivo único de su existencia. Sólo deploro de esa actitud el tiempo que me robó al aprendizaje de la convivencia con los otros. Me convertí en un ser huraño, incapaz de iniciar o de sostener conversaciones. El ejercicio de escribir se convirtió en la salida a mis ideas y lo cultivé con cierto pequeño talento que a mis ojos era excepcional. Tuve la fortuna de canalizar mis escritos por los cauces adecuados que estaba a mi alcance. Ya no tengo tristeza al evocar el contexto en que mi primer libro de cuentos fue publicado. Ahora que miro el pavimento mojado imagino las bodegas donde los ejemplares no vendidos se empolvan, si es que aún existen como tal y no han dado luz a nuevo papel.
Ya no puedo renegar de mi pasado. Es demasiado tarde y antes de llegar a los treinta años pasé mucho tiempo examinándolo. Muchos viajes alrededor de mi ombligo me han ilustrado al respecto.
Parece que los niños que son sobreestimados en sus capacidades e incursionan prematuramente en el sistema escolar, tienden a abandonar sus proyectos de gloria con mayor frecuencia que los niños que han seguido un curso normal. Me es difícil sentir arrepentimiento por haber terminado mi doctorado con un ensayo de ficción que estipulaba mi renuncia a la academia. Me abrí otras puertas de percepción del mundo: aquél que consideré vulgar, prosaico, gris. Aquél que juzgué ignorante y desprecié de antemano. En esta incursión afloró mi interés por trasceder mi ego y ahondar en mis posibilidades humanas. Mi actitud hacia la escritura cambió. Me decepcioné del estado de la cultura en mi país, de las formas en que los jóvenes abordan el arte, en busca de becas, de premios, de privilegios. Cada quien. Mi camino no era ése aún y cuando en un momento tuve puertas abiertas para ser parte de la corte oficial, renuncié. Me es difícil, si no imposible, escribir cuentos o plantearme el proyecto de una novela. He pasado del lirismo romántico adolescente a ser un adulto con una visión cáustica sobre el entorno en que se mueve. He adoptado prácticas personales que impiden me ahogue en el cinismo y la amargura. Creo que me estoy liberando de las taras sicológicas que yo mismo me forjé para protegerme del mundo hostil en que me encontré a los dieciséis años cuando emigré de Oaxaca hacia la Ciudad de México. Hago un esfuerzo porque mi energía cree y no se desgaste en el ocio. Escribo para comprenderme a mi mismo y para desarrollar un lenguaje que permita que mis ideas sean leídas por los otros. Estoy harto de ser el diferente indiferente que no hace caso a los demás.
Día 2
Exhibir la intimidad se ha convertido en uuna tendencia global. Desde los programas de televisión denominados reality-show hasta la biografía novelada de Catherine Millet, que aún no leo, y el antecedente a este escrito, una suerte de diario a la que lllamé El Ultimo Instante, un cuaderno de notas que escribí para mis amigos cercanos de ese tiempo, la primavera del año 2000, y que no quiero leer para no avergozarme del estado emocional de ese personaje saturado de drogas y de sexo neurótico que estaba a punto de abandonar su cómoda vida de clasemedia para autoexiliarse en San Blas, Nayarit, un pequeño pueblo de pescadores en el Pacífico, donde encontraría la vida paradisiaca que siempre le negó la batalla por la sobrevivencia. Ahora ese libro es un testimonio escrito desde la desesperación del hombre incapaz de comprender y de aceptar el entorno en que vive. Un libro curioso donde narro mi primera aproximación hacia la filosofía zen, el sadomasoquismo desde un trance en éxtasis. Un texto que a la distancia del tiempo me parece incoherente. A nadie le gusta verse mal en los espejos y ese libro es una suerte de retrato mío del pasado. Preferible compararse con los vinos que mejoran al madurar.
Ahora escribo, con cierta intermitencia, un libro de notas dedicado a mi sobrina quien nació hace apenas un año. Se trata de un libro que me gustaría que leyera cuando cumpliera dieciocho años, edad en la cual tendría la mayoría de edad y podría elegir libremente si lee ese libro o no, licencia que me permite escribir sin censura sobre el mundo que contemplo, la sociedad en la que vivo, de las experiencias privadas y públicas de un tío excéntrico, extravagante, muy distinto del resto de su familia y del contexto social en el que crecerá. Con este libro asumo mi desinterés por el renombre del autor vivo. He optado por la discreción de quien sabe escribe como un náufrago desde una isla desierta. Mis escritos son mensajes enviados en una botella en el mar del tiempo y del espacio. Ya no aspiro a más.
Día 3
Desde niño supe que mi sensibilidad era distinta y difícil de satisfacer con las opciones que existían en mi pueblo. Tenía quice años cuando escuché por primera vez música distinta a la que tenía acceso: fue mi descubrimiento de ese mundo que lejano parecía ser más ancho que la plaza principal de mi pueblo. Salí de allí hace diecisiete años y extrañamente en estos días me ha surgido el ánimo por examinar la diferencia entre el mundo que dejé y el mundo como ahora lo concibo. Conservo rasgos ladinos, mustios, característica de la personalidad oaxaqueña. Repto siguiendo esa impronta, y escribo repto porque siempre me he identificado con la serpiente: recorro espacios sigilosamente, cambio de piel como he cambiado de ocupación, de intereses, de amores y amigos. Sé poco de la vida de las serpientes y ver a una serpiente viva no es algo que me cause agrado. Perro no come perro, como decir que los similares se repelen así como se atraen los contrarios ¿Tengo sensibilidad de serpiente, entonces?
Mi aproximación a lo distinto, a esas orillas marginales dela sensibilidad común es mas bien snob. Mucha de la música que escucho no la entiendo en sus bases musicales. Mi criterio musical no basa su gusto en la calidad musical, sino mas bien en las sensaciones que me despierta. ta naïve es mi enfoque que nunca me ha interesado en entender las canciones cantadas en inglés. Me quedo en el nivel de la sensación pura o del tedio que me inspire, sin intentar comprenderlo. Sin embargo, recientemente he tenido aproximaciones más razonadas hacia el mundo que me rodea. Menos piel y un poco más de seso. Lo que descubro me hace pensar que no conozco el mundo en que he vivido.
Día 4
En ocasiones contadas lamento no ser rico y tener que rentar parte de mi vida para poder mantenerme en la vida cómoda que he adquirido. Tiene un costo mi apartamento y su vista espléndida del barrio, asi como la comida y el café que me gustan y las clases de hatha yoga que me auxilian el cuerpo y por ende el alma. Tiene precio el internet con el que me comunico con los otros y las revistas y los periódicos con las que me alimento del mundo más allá de mis ojos. Los excesos que me seducen no sólo me roban tiempo y energía, sino también dinero. Pago con juventud mis posesiones materiales. Por ahora no me interesa renunciar a ellas y dejarme llevar en el mundo. Mis pies se anclan en la tierra así como mi persona en este apartamento donde como duermo, cojo y sueño.
Pienso con frecuencia en mis vecinos, en sus hijos, en mis coterráneos. Me ha tocado ver un momento de la historia de la Humanidad que se asemeja a aquel tiempo en que coexistieron homínidos y el Homo sapiens que comenzaba a articular el lenguaje. Así, existen en mi tiempo nómadas e indígenas que viven aferrados a sus tradiciones y a sus formas de vida y también están los hombres que tienen el conocimiento para transformar seres vivientes y para crear entidades nanométricas autónomas, por citar sólo dos ejemplos. Puesto que estoy en la zona media al vivir en Ciudad de México, punto de encuentro de estas antípodas, miro a un lado y hacia otro y reflexiono en cuáles serán las mejores formas de dismiuir estas diferencias, de que tan difícil será alcanzar el equilibrio. Comienzo por hallar el equilibrio en mi mismo cuando someto a mi cuerpo a posturas que así lo demandan. Si los baños con agua tibia nos hacen feliz a la mayoría ¿Por qué no preocuparnos en que sean accesibles a la mayoría? ¿O se trata de cultivar el egoísmo?
Madrugada del día 5.
Por un momento me he visto como el hombre que ya no llora por las representacioes duras que puede hacer contra sí mismo. He pasado ese umbral de mi debilidad. Lo que viene después se percibe intenso, atractivo, tan lleno de luz como mi casa. No había disfrutado tanto mi casa y mis discos empolvados como hasta en este momento de mi vida, en la que puedo adivinarme como un pensador interesado en hallar la forma de comunicar la visión que percibe del mundo en que vive junto con sus vecinos, coetáneos y coterráeos. Un hombre que se ha perdido en las trampas que su debilidad le ha puesto. Un hombre que se imagina vive el momento en que el hombre tumbado en la tierra tiene que hacer un esfuerzo para levantarse. Lo hago recontándome mi historia, recurriendo a los vestigios que hay de mi en mi casa, recordando las historias olvidadas.
Puedo ver ahora la fotografía en que me retraté estúpidamente infeliz. Anteriormente no lo había hecho por cobarde y miope. Mi frase ahora es Vé más allá. Antes de esto no había ni la noción de alguna palabra.
Día 6
Algunos días son de furia y contradicción, de rabia y de coraje. Al final de esos días mi voluntad queda lastimada, empujando al cuerpo a dormir temprano, a olvidarme. Mas un extremo de mi mueve hacia la dirección contraria y me empuja a respirar. Después de eso recupero mi vida.
Día 7
Los martes son días especiales. El dicho popular dice que es un dia en que uno no debe comprometerse. Ya una vez hace dos años tomé una decisión en día martes y mi vida cambió. Abandoné todo resabio de pretensión académica y desde entonces vivo mi vida como la todo hombre de edad media que trabaja en mi país estupidizado colectivamente por nosotros mismos, por la inercia que nos aleja de tomar las riendas de nuestras vidas y actuar.
Esta tarde me he sentido desfallecer por el cansancio, por percatarme una vez más de que las cosas en mi país son bastante distintas a como me gustaría que fueran. Estamos atrapados en una red de complicidad que nos mantiene en la mediocridad. Mediocres gobernantes, mediocres vecinos, mediocres estudiantes, mediocres nuestros sueños achatados, planos, tetos, miopes. Creo que olvidaré mi romántico sueño de redención colectiva de una vez por todas y deberé dedicarme a bien vivir mi vida. Creo que ya debo olvidarme de mis confusas pretensiones de correción hacia los otros y dedicarme a crecer con los que quiero.
Me releo y parezco el mismo adolescente entrampado en sí mismo, como si nada me hubiera sucedido en estos años.
Día 8
Un oftalmólogo revisa el interior de mi ojo izquierdo, sospechoso de sufrir en el futuro desprendimiento de retina. Por fortuna todo está bien: campos visuales en buen estado, retinas normales, un poco más de miopía lo que me conduce a decidir que sí, que voy a operarme pues quien sabe en el futuro si la vista sea crucial para mi sobrevivencia. Esta revisión médica ha sido importante para mi autoestima y le he puesto fecha probable a la operación. Reponerse de los impedimentos, corregir los defectos, parece que estoy tomando en serio mis acciones en la vida. Ufff, ni vale la pena preguntar por qué no lo hice antes. Lo importante es que lo estoy haciendo.
Día 9
18.25
Entiendo la rabia del hombre que mira las cosas que la mayoría no percibe y se desalienta ante la incapacidad por convencer a sus vecinos, más obstinados en continuar en el mismo tránsito que en modificar sus acciones. Siento ese coraje, esa rabia, y la manera más fácil de vivir es autodestruyéndome en el alcohol, en la droga, en el ostracismo o la locura. Otra solución sería convertirme en partidiario de alguna secta y dedicar mi energía a la salvación. La salida más difícil es continuar con una labor que quién sabe si algún día tenga sentido práctico. Convertir la rabia en palabras sin sentido es otra de las trampas en las que he caído. Convertir mi vida en un acto de amor hacia mi mismo es lo más incierto y hacia donde no hay camino.
Ya no quiero ser un adicto. Quiero vivir en libertad.
21.13
Cuando era adolescente y me pasaba la vida estudiando y viajando no tenía relaciones con las personas con las que vivía. Todo era mecánico, como un engranaje sórdido que quería evitar y me escapaba en la imaginación hacia fantasías, historias, frases. Cultivé la ficción en ese tiempo.
Esta noche me doy cuenta que el método me salva de mi mismo. Que si quiero conducir la imaginación hacia algo constructivo y contra mí, debo ejercer la ficción, y no debo temer ser el personaje principal. Eso es aprender a privilegiar, a distinguir.
21.16
Ficción uno.
Soy un agente comercial localizado en un cruce de caminos entre Cuba, Estados Unidos, Europa y Brasil. Es una era en la que se están perfilando futuros bloques económicos y distintas tensiones políticas. México es un sitio crucial pues es el país del tercer mundo más cercano al Imperio. Es una plataforma hacia éste o hacia afuera de él. Un país sin más importancia geopolítica que ésa, una sociedad incapaz de producir propiedad intelectual y sin más pretensión que vivir cómodamente en el hoy. Paso de la inmigración centroamericana. Soy un hombre de personalidad extraña en un puesto comercial crucial para Cuba en desarrollo tecnológico. Como buen mexicano vivo en la inconsciencia de mi sitio. Como buen mexicano también tengo una alta autoestima de la imagen falsa de mí y una bajísima autoestima sobre de quien soy en verdad y de lo que significo para mi mismo. Pese a ser hosco y poco social, padezco de los mismos rasgos sicológicos. En el tiempo en que vivo la localidad de una ciudad o un país ya no se definen en un estereotipo de vestimenta, pues ésta se ha globalizado al igual que la alimentación. Una vez que se han homogeneizado estas características físicas las psicológicas son más evidentes y uno puede ser sensible a esas variaciones. Como buen viajero miro donde pongo mis pies y me dejo seducir por lo nuevo y ésto que digo de mi es en lo que soy distinto a los otros, y cuando veo a las personas de mi país veo en que me parezco a ellas. Como si estuviéramos uniformados por la personalidad de una madre colectiva ¿Es ese el sentido de La Patria?
El décimo día
Hoy sucedió el solsticio de verano. La víspera fue tan tormentosa como imagino será un parto. El dolor físico fue fuerte esta mañana y me pesó despertar y ponerme en pie. Más trabajo físico que nada fue el día. Fue bueno desempolvarse y deshacerse de la basura ¡Depurar, renovarse. Qué intenso puede ser y que tan bueno! Quiero reestudiar inglés y esta noche saldré a escuchar música en vivo y ver amigas que no veo desde hace mucho. Quiero renovar mi vida y fortalecerme cuando todo alrededor parece derrumbarse.
Sentirme vivo a partir de este verano, cada vez rompiendo más el cascarón que me limita la realidad. Dejar de ser indiferente a mi indiferencia.
Día 11
La tarde es presa de la luvia y mi cuerpo del sueño. Celebré la llegada del verano con un par de amigas, bailando y bebiendo, contento con mi decisión de ponerle fin al ostracismo en que he deambulado en los últimos años. Decidí ponerle fin al aburrimiento en que ha caído mi vida, repleta de autoayuda terapéutica, de silencios y de convivir únicamente con una persona. Cambio una mano por todas las manos. La vida será mejor así aunque las señales del futuro no sean alentadoras en el beneficio material. De hecho, es como si esta nueva actitud hacia el mundo fuese una forma de prepararme para el desaliento que se avecina (en esta parte apuesto a mi mal tino en los vaticinios lo cual reafirma mi afinidad hacia el pesimismo).
Ficción 2. Me imagino un artista oculto en el subterráneo de lo cotidiano. Me supongo un escritor que maneja la foto, el collage y la escritura para expresar sus sensaciones. Me miro como un oficinista que debajo de su disfraz común y corriente esconde formas de expresión que solo desarrolla para sí, hasta que un día se percata que ha creado un gusto muy especial que sale hacia el mundo, para que otros lo miren y lo enriquezcan. Me imagino viviendo los últimos años de mi vida en plenitud, bastante sabio de mí como para guardar silencio y sólo actuar.
La ficción se confunde con la realidad y la primera vez que me sucedió siendo ya adulto me fue difícil distinguir los linderos, entonces caí en trampas sucesivas que me hubieran arrastrado, de haberlas concretado, a una vida extraña y distinta a la que tengo ahora. Fue mi propia inconsistencia lo que me salvó, paradójicamente. En ese tiempo no existía el concepto de inconsistencia en mi bagaje, cuando era un hábil practicante. Uno no se sabe tuerto hasta que acepta que está deficiente en su visión
Día doce
Continúo manteniendo el esfuerzo por salir del aburrimiento. Retorno a mis fotografías,a mis collages, a la organización de mi taller de trutrú terapéutico. Pienso mucho en asuntos que me interesan, en los que estoy involucrado o en los que me quiero entrometer. Creo que estoy articulando un discurso, una base teórica que sustente mi trabajo experimental con la vida. Miro al mundo de mi entorno como la materia prima de mis sueños y sólo queda en mi el realizarlos. Aclaro, depuro y me propongo llevar mis tareas de autoayuda a la altura del Arte.Sólo así quedaría satisfecho, supongo, mas es difícil estar satisfecho si en la autoayuda yo mismo me propongo revolucionar mi pensamiento y a partir de él lo que me rodea. Revolucionar mis ideas, mis concepciones del mundo, mirar con esos ojos internos al exterior y aprender a actuar en él. Quiero abrir puentes comunicantes entre mis pensamientos y mi entorno. Cada día lo veo como un peldaño distinto en esa conquista de mi mismo. Derribar mis barreras, dejar ir a los temores que ya no me pertenecen. Vivir por mi y con los míos.
Día 13, luna llena
Me siento renovado. He dejado las cargas inútiles y encuentro esperanza al actuar. Todo ese mundo que en ocasiones me preocupa ha disipado su manto de pesadumbre y me encuentro con que puedo cambiarlo. Estoy contento porque estoy encontrando la forma de hacerme escuchar y sentir por los otros.
A diferencia de las noches de luna llena de invierno y de primavera, esta primera luna llena del verano me causa extrañeza. La luna saldrá por un ángulo distinto y éste impide que ilumine con su luz el interior de mi casa. Paradójicamente, es ahora cuando me siento más en contacto con el exterior. Encuentro en mi la energía de mi adolescencia y también la madurez del adulto que soy y que no teme enfrentar a su entorno. Me encuentro valiente, decidido, fuerte. Doy gracias a mi ser por estar en contacto conmigo y a mi persona por buscarlo.
Esta noche de luna llena doy gracias.
Día 16
No quiero calificar de inconsistencia mi falta de atención hacia este escrito los dos días anteriores. No había nada que escribir. A veces pienso que es pura inercia lo que me empuja hacia el teclado, como una gimnasia dactilar que difícilmente redundará en un escrito que podría interesar a un tercero. Lo pienso más de una vez y ya no me importa. Continúo dejando plasmados estos pensamientos como el practicante de yoga que deja ir las ideas que lo persiguen: les abre la puerta para que salgan, las ve pasar y se vacía de ellas.
Hoy ha caído una lluvia intensa. Me he empapado. Hacía tres años que no me dejaba mojar por la lluvia y la última vez que me dejé llevar, perdí el miedo a sentir el agua fría y disfruté saltando entre los charcos. Esta vez temía que mi cuerpo caliente por el ejercicio se enfermara. Todo sale bien después de la ducha tibia y de una cena que fortalecerá mi actitud.
En lo cotidiano me sorprendo de la serenidad con que tomo las cosas. Me sorprendo de la lucidez que a veces puedo expresar en mis ideas y en mis actos. Cada día dudo menos y se que puedo argumentar y resolver. Me siento como si estuviera rehabilitándome, activando partes de mi que estaban olvidadas, dormidas, anquilosadas, entumecidas por la inacción. No me fijo un objetivo preciso. Mi experiencia me indica que sólo la acción sostenida rinde frutos que aparecen y no se perciben en primera instancia, pero que son sólidos, duraderos y que pueden desarrollarse por ellos mismos.
Caen rayos. Una tormenta humedece la ciudad. Noche de jueves. A pesar del tumulto de cambios que suceden en el mundo se que podría afrontar lo peor con entereza. La luna llena ha sucedido.
Día 17
Es viernes de nuevo y luce distinto al de hace una semana. Ahora me he duchado y citado a un amante maduro, inconstante y extrañamente fraternal que hallé en el barrio hace unos meses. Me dispongo, mientras llega, a organizar mi escritorio. Aparece imágenes olvidadas que me gustaría mezclar en mis hojas blancas, aquellas que en ocasiones me asustan ante el vacío de ideas como me asustaba cuando adolescente el no saber qué escribir.
Parece que se continúan rompiendo los diques que me contienen todavía ¿Cómo será cuando el torrente fluya en total libertad?
Día 18
Es imposible decir no a la felicidad, a ese atisbo del paraíso que la intuición te indica encontraré en el proceso de conocer a un hombre maravilloso que encontré anoche en una de las sucursales del infierno. El era Plutón y Eurídice al mismo tiempo, y yo era Orfeo en el intento de seducirlo con palabras, juego amable bajo la música llorona de los mexicanos en un albergue grosero para la lujuria.
Lo reencontraré esta tarde y como siempre cargo conmigo el temor de un desencanto, como si no pudiera librarme de las historias previas tantas veces repetidas, como si en verdad no estuviera atendiéndome en el mundo y no supiera como lidiar con mis demonios.
En verdad que debo hacerlo.
Día 19
La velada ha sido extraordinaria con el nuevo hombre en que me estoy transformando, y la forma en que me presento ante el otro nuevo hombre que he conocido y con quien he compartido mi lecho, a quien he acariciado como hacía mucho no acariciaba a nadie, a quien he besado con una ternura que pensé ya había exiliado de mi vida.
Al amanecer glorioso le sucede un mediodía de confesiones que me genera pesadumbre. Me enojo conmigo mismo por permitir que la molestia de otro me contagie. Detesto esas transferencias. Detesto mis puentes cuando por ellos entra el reproche de otros hacia mí, haciéndome sentir el culpable absoluto de situaciones donde había corresponsabilidad de varios.
Así transcurre la tarde. He pasado del infierno a la terapia y del gozo a la tristeza. La noche vendrá dentro de poco y ojalá algo nuevo suceda en las siguientes horas.
Día 20
El día 20 fue ayer, asi que pasaré al veintiuno.
Día 21
Me he enamorado y puedo observar ese sentimiento como una flama que me consume y pretende devastarme en mi conjunto. Me siento como un aprendiz de equilibrista que todavía conserva lastres que le inducen a la caída. Anoche decía que contemplo este enamoramiento como un reflejo, un acto de esa inercia que me conduce a la obsesión y al destierro. De repente me descubro enfrascado en la memoria de los momentos pasados con el amado y rompo la cautela que me ha movido en estos días. Cedo a mis impulsos de autosabotaje y me encuentro cínico al practicarlo. Pareciera que no puedo liberarme del estigma de la infelicidad y hago todo lo posible por volver a vivir bajo su signo.
En verdad que no quiero eso.
Día 22
A veces me descubro al borde de la inconsistencia y reacciono con equilibrio. Noto entonces que abuso de la palabra descubrir, como si esta fuera temporada de descubrimientos.
Miro junto a la laptop retazos de fotografías de pelícanos en el mar. Me atrae las ganas de hacer un collage con ellas. Tengo ganas de inventar una imagen.
Día 24
(madrugada)
Sudé en exceso la alegría de sentirme vivo y de ser capaz de hacer cosas por mi mismo, como esta noche el haber salido a bailar a un sitio desconocido y nuevo. Soy feliz por haber compartido con otros mi vitalidad, aunque en este frenesí de la vida mi cuerpo vaya agotándose de cansancio.
El sudor elimina aquello que no sirve. Adoro mi sudor, mi olor a carne humana. Con él se van mis obsesiones y mi dolor.
Día 24, cerca del mediodía
Veinticuatro es un número especial, no cabalístico estrictamente hablando pero es el producto de multiplicar 4 x 6, un número cabalístico por otro de poca monta. Siempre he pensado que el producto de la mezcolanza, de la recombinación entre las antípodas son productos interesantes. No tienen la calidad excelsa de lo especial, de la élite, del clan de los elegidos, pero tampoco son evidentemente distiguibles como parte de lo ordinario. En este momento me miro a mi mismo como un veinticuatro, producto sin mucho que decir más que ser por doble partida mestizo, tanto de 4 x 6 y como de 3 x 8.
Día 25
Lo escrito el día veintiséis lo escribo en el espacio correspondiente al veinticinco, pues así se me ha ocurrido como remedio para compensar mi falta de ayer. Mas me he compadecido porque ayer escribí una carta imaginaria en mi lección de inglés que equivale a un escrito como éste. La carta narra uan historia que combina la miseria con la búsqueda extrema de la belleza: una noticia que leí en un diario de Salvador de Bahía sobre la muerte de una joven sirvienta a causa de una infección generalizada que le provocó una inyección de silicona. Ella quería mejorar su cuerpo por lo que contrató los servicios de una trasvesti que decía saber inyectar el material. Mas ambos no contaban con que su ignorancia los llevaría a tan trágico final. El travesti era analfabeto y le inyectó a la joven silicón industrial con una jeringa, sin menor idea de la asepsia de un proceso así.
Esa historia se me quedó grabada y es como una historia típica del Brasil, donde se combinan el deseo por sobresalir con la ingenunidad típica de los países latinoamericanos.
Esto es lo que quería contar hoy sobre lo que conté ayer.
Día 27, es posible, Quién sabe
Una nueva experiencia es hacer algo que normalmente no harías. Ese es el crossover.
Día 28
What about the next day?
Al día siguiente aún no amanecía y si ganas de dormir, vengo a este teclado a contar lo acontecido. Soy capaz de romper mis propios paradigmas, ser más libre en mis decisiones. Soy capaz de experimentar y dirigirme hacia la frontera para hacer un crossover.
Me pareció importante registrar lo hallado esta noche.
Día 29
Otra vez escribo en las primeras horas del día, apenas pasada la medianoche. Me acompaña la música y un viento suave y fresco. Llovió y el sonido de los autos interrumpe el silencio en el barrio. Son sonidos de agua, de charcos.
Ha sido otro día para experimentar una vida distinta, lejos de mis actos obsesivos, de mis persecusiones hacia otro. Me reinvento la vida y ya no me importa que suceda hacia el futuro. Le pierdo el temor al futuro, me de liberado de mi pasado y me deslizo con soltura, con cautela, con cierta temeridad. Voy más allá cada vez.
Día 31
Desaparece la cuenta de los días. Me olvido de esta escritura y continúo. Estoy posiblemente en la mitad de mi vida. Treinta y tres años y enfrente está la cirugía que me aliviará la miopía que me ha acompañado toda la vida. Experimento los últimos días de esta condición a pesar del terror que me da la ceguera de mis pesadillas paranoicas. Todo parece quedarse en suspenso mientras sucede este evento que marcará un parteaguas en mi visión del mundo.
Toda una vida mirando sólo una fracción de lo visible. No es tan impactante como cuando uno ha sido ciego y recupera la visión ¿En qué clase de persona voy a convertirme? ¿Sucederá algo parecido a cuando me redescubrí zurdo y me asimilé en otro ámbito? ¿Cómo cuando asumí totalmente mi personalidad homosexual?
Día 33
Se acerca el fin de la cuenta de estos días, del final de este texto escrito que relata mis últimos días como miope. Voy aceptando que el evento tendrá una fase de sacrificio de mi cuerpo.
He practicado el hatha yoga habienndo fumado mariguana. Mi cuerpo adquiere más flexibilidad al concentrarme más fácilmente en mis músculos y relajarlos. Algunas posturas me son difíciles aún, sin embargo los cambios me son cada vez más visibles: desde una fase de crecimiento acelerado hasta una estabilización que se conlleva de una práctica constante y consistente. Soy feliz pues siento que voy encontrando el equilibrio en todos los aspectos de mi vida. Me siento más completo.
El procesador de palabras marca las oraciones que fallan a las reglas de la sintaxis. No le había prestado atención. Seguramente este programa tiene reglas muy bien definidas y directas, pues señala las oraciones compuestas. Será que mi estilo de escritura es enrevesado y sólo yo entiendo aquello que a los otros les cuesta trabajo leer. Sobre todo si no leen, sobre todo si su alimento del lenguaje proviene de la televisión.
Creo que mi visión tridimensional mejorará después de la cirugía. Aprenderé a ver mejor. Eso espero. Salgo a contemplar el paisaje de la terraza. Es plano. Me cuesta trabajo admirar los volúmenes. Estoy tan interesado en que la cirugía suceda para comparar y escribir después sobre la diferencia.
Día 34
Recientemente ya no consigo el sexo fácil que solía hallar en internet. Mis últimos encuentros han sido de mucha filosofía de la vida y algo de sesera. Me gusta esta aparente mala suerte.
He encontrado desconocidos de mi generación, educados, actuando en su cotidianeidad. Parece que no vivieron sus crisis tan profudamente como yo. Me gusta saber que puedo emparejarme, que puedo continuar a su ritmo después de un periodo en el que caí en la desazón, en el nihilismo.
Me gusta reescuuchar músicas viejas. Me gusta tocar la misma música en distintos aparatos. Muchas formas de la sensibilidad siguen siendo exploradas y son tan infinitas como el universo mismo. Cada quien su búsqueda. Cada quien con sus límites y estándares.
Día 35
Comienzo a recuperar la esperanza en ser alguien como los demás, sin temor a la vida y confiando en el amor. Resulta que esta palabra ha sufrido de muchas manipulaciones en el curso de mi historia y desconfío de ella, más ahora estoy encontrando el concepto de lo que esta palabra implica. En nombre del amor me he mentido y me he negado. Eso no era amor. Cúan confundido, cuán ciego crecí al amor verdadero, ése que es imposible definir.
UNA NUEVA CUENTA
Después de la operación mi fascinación por la nueva vista me alejó de la escritura, del cine, Todas aquellas actividades basadas en mirar hacia un solo plano me distraían. Como si el mal mirar generara vicios visuales. Perdí la cuenta de los días marcados en las páginas anteriores. Perdí la vieja noción de las cosas y adquirí otras. Me siento otro, el ya completo.
Antes de la operación tenía miedo a pararme de cabeza en el Hatha Yoga. Después pude hacerlo y poco a poco he ido avanzando en el dominio de estas asanas. Mi fortaleza física ha mejorado, así como mi lucidez. He dicho a un amigo cercano que pareciera que se han drenado algunos ductos que estaban obstruídos y que impedían mi integridad. Componentes de mi mismo que no estaban conscientes unos de los otros. La vida es distinta desde esta perspectiva que día a día es distinta.
Me siento como el que avanza en un camino sin fin. Ese camino que se forja día a día me conduce a explorar partes de mí a medida que conozco más el mundo.
Comienzo a identificar cuáles son las vertientes que me agradan y cuáles no. Puedo seleccionar las rutas más cortas, o las más largas, o las más fáciles o difíciles, sin temor de perder o de ganar o de que simplemente no suceda nada.
Es una cuestión de aceptar el desapego.
Un sábado, el segundo de noviembre.
Bajo la influencia del alcohol, del café y de la mota, sobrepuesto de una noche de éxtasis, me reconozco como el mismo de siempre mas nuevas experiencias que me hacen reconocer la extensión de mi cuerpo. No lloro,
no sufro. La vida sucede tal y cual es. Los objetos son visibles. Lo sutil es un producto de mi pensamiento y éste es impuro, pese a su pretensión de ser racional y limpio. Pamplinas. La tarde sucede entre las ansias de sexo y de extravío. La conducta pura que he tomado en los últimos meses me coducen a la conclusión de que no hay vida sin gozo de la misma. Me canso de ser una máquina que produce. El mundo es más ancho que mis pretensiones de salario.
Ya no puedo renegar de mi pasado. Es demasiado tarde y antes de llegar a los treinta años pasé mucho tiempo examinándolo. Muchos viajes alrededor de mi ombligo me han ilustrado al respecto.
Parece que los niños que son sobreestimados en sus capacidades e incursionan prematuramente en el sistema escolar, tienden a abandonar sus proyectos de gloria con mayor frecuencia que los niños que han seguido un curso normal. Me es difícil sentir arrepentimiento por haber terminado mi doctorado con un ensayo de ficción que estipulaba mi renuncia a la academia. Me abrí otras puertas de percepción del mundo: aquél que consideré vulgar, prosaico, gris. Aquél que juzgué ignorante y desprecié de antemano. En esta incursión afloró mi interés por trasceder mi ego y ahondar en mis posibilidades humanas. Mi actitud hacia la escritura cambió. Me decepcioné del estado de la cultura en mi país, de las formas en que los jóvenes abordan el arte, en busca de becas, de premios, de privilegios. Cada quien. Mi camino no era ése aún y cuando en un momento tuve puertas abiertas para ser parte de la corte oficial, renuncié. Me es difícil, si no imposible, escribir cuentos o plantearme el proyecto de una novela. He pasado del lirismo romántico adolescente a ser un adulto con una visión cáustica sobre el entorno en que se mueve. He adoptado prácticas personales que impiden me ahogue en el cinismo y la amargura. Creo que me estoy liberando de las taras sicológicas que yo mismo me forjé para protegerme del mundo hostil en que me encontré a los dieciséis años cuando emigré de Oaxaca hacia la Ciudad de México. Hago un esfuerzo porque mi energía cree y no se desgaste en el ocio. Escribo para comprenderme a mi mismo y para desarrollar un lenguaje que permita que mis ideas sean leídas por los otros. Estoy harto de ser el diferente indiferente que no hace caso a los demás.
Día 2
Exhibir la intimidad se ha convertido en uuna tendencia global. Desde los programas de televisión denominados reality-show hasta la biografía novelada de Catherine Millet, que aún no leo, y el antecedente a este escrito, una suerte de diario a la que lllamé El Ultimo Instante, un cuaderno de notas que escribí para mis amigos cercanos de ese tiempo, la primavera del año 2000, y que no quiero leer para no avergozarme del estado emocional de ese personaje saturado de drogas y de sexo neurótico que estaba a punto de abandonar su cómoda vida de clasemedia para autoexiliarse en San Blas, Nayarit, un pequeño pueblo de pescadores en el Pacífico, donde encontraría la vida paradisiaca que siempre le negó la batalla por la sobrevivencia. Ahora ese libro es un testimonio escrito desde la desesperación del hombre incapaz de comprender y de aceptar el entorno en que vive. Un libro curioso donde narro mi primera aproximación hacia la filosofía zen, el sadomasoquismo desde un trance en éxtasis. Un texto que a la distancia del tiempo me parece incoherente. A nadie le gusta verse mal en los espejos y ese libro es una suerte de retrato mío del pasado. Preferible compararse con los vinos que mejoran al madurar.
Ahora escribo, con cierta intermitencia, un libro de notas dedicado a mi sobrina quien nació hace apenas un año. Se trata de un libro que me gustaría que leyera cuando cumpliera dieciocho años, edad en la cual tendría la mayoría de edad y podría elegir libremente si lee ese libro o no, licencia que me permite escribir sin censura sobre el mundo que contemplo, la sociedad en la que vivo, de las experiencias privadas y públicas de un tío excéntrico, extravagante, muy distinto del resto de su familia y del contexto social en el que crecerá. Con este libro asumo mi desinterés por el renombre del autor vivo. He optado por la discreción de quien sabe escribe como un náufrago desde una isla desierta. Mis escritos son mensajes enviados en una botella en el mar del tiempo y del espacio. Ya no aspiro a más.
Día 3
Desde niño supe que mi sensibilidad era distinta y difícil de satisfacer con las opciones que existían en mi pueblo. Tenía quice años cuando escuché por primera vez música distinta a la que tenía acceso: fue mi descubrimiento de ese mundo que lejano parecía ser más ancho que la plaza principal de mi pueblo. Salí de allí hace diecisiete años y extrañamente en estos días me ha surgido el ánimo por examinar la diferencia entre el mundo que dejé y el mundo como ahora lo concibo. Conservo rasgos ladinos, mustios, característica de la personalidad oaxaqueña. Repto siguiendo esa impronta, y escribo repto porque siempre me he identificado con la serpiente: recorro espacios sigilosamente, cambio de piel como he cambiado de ocupación, de intereses, de amores y amigos. Sé poco de la vida de las serpientes y ver a una serpiente viva no es algo que me cause agrado. Perro no come perro, como decir que los similares se repelen así como se atraen los contrarios ¿Tengo sensibilidad de serpiente, entonces?
Mi aproximación a lo distinto, a esas orillas marginales dela sensibilidad común es mas bien snob. Mucha de la música que escucho no la entiendo en sus bases musicales. Mi criterio musical no basa su gusto en la calidad musical, sino mas bien en las sensaciones que me despierta. ta naïve es mi enfoque que nunca me ha interesado en entender las canciones cantadas en inglés. Me quedo en el nivel de la sensación pura o del tedio que me inspire, sin intentar comprenderlo. Sin embargo, recientemente he tenido aproximaciones más razonadas hacia el mundo que me rodea. Menos piel y un poco más de seso. Lo que descubro me hace pensar que no conozco el mundo en que he vivido.
Día 4
En ocasiones contadas lamento no ser rico y tener que rentar parte de mi vida para poder mantenerme en la vida cómoda que he adquirido. Tiene un costo mi apartamento y su vista espléndida del barrio, asi como la comida y el café que me gustan y las clases de hatha yoga que me auxilian el cuerpo y por ende el alma. Tiene precio el internet con el que me comunico con los otros y las revistas y los periódicos con las que me alimento del mundo más allá de mis ojos. Los excesos que me seducen no sólo me roban tiempo y energía, sino también dinero. Pago con juventud mis posesiones materiales. Por ahora no me interesa renunciar a ellas y dejarme llevar en el mundo. Mis pies se anclan en la tierra así como mi persona en este apartamento donde como duermo, cojo y sueño.
Pienso con frecuencia en mis vecinos, en sus hijos, en mis coterráneos. Me ha tocado ver un momento de la historia de la Humanidad que se asemeja a aquel tiempo en que coexistieron homínidos y el Homo sapiens que comenzaba a articular el lenguaje. Así, existen en mi tiempo nómadas e indígenas que viven aferrados a sus tradiciones y a sus formas de vida y también están los hombres que tienen el conocimiento para transformar seres vivientes y para crear entidades nanométricas autónomas, por citar sólo dos ejemplos. Puesto que estoy en la zona media al vivir en Ciudad de México, punto de encuentro de estas antípodas, miro a un lado y hacia otro y reflexiono en cuáles serán las mejores formas de dismiuir estas diferencias, de que tan difícil será alcanzar el equilibrio. Comienzo por hallar el equilibrio en mi mismo cuando someto a mi cuerpo a posturas que así lo demandan. Si los baños con agua tibia nos hacen feliz a la mayoría ¿Por qué no preocuparnos en que sean accesibles a la mayoría? ¿O se trata de cultivar el egoísmo?
Madrugada del día 5.
Por un momento me he visto como el hombre que ya no llora por las representacioes duras que puede hacer contra sí mismo. He pasado ese umbral de mi debilidad. Lo que viene después se percibe intenso, atractivo, tan lleno de luz como mi casa. No había disfrutado tanto mi casa y mis discos empolvados como hasta en este momento de mi vida, en la que puedo adivinarme como un pensador interesado en hallar la forma de comunicar la visión que percibe del mundo en que vive junto con sus vecinos, coetáneos y coterráeos. Un hombre que se ha perdido en las trampas que su debilidad le ha puesto. Un hombre que se imagina vive el momento en que el hombre tumbado en la tierra tiene que hacer un esfuerzo para levantarse. Lo hago recontándome mi historia, recurriendo a los vestigios que hay de mi en mi casa, recordando las historias olvidadas.
Puedo ver ahora la fotografía en que me retraté estúpidamente infeliz. Anteriormente no lo había hecho por cobarde y miope. Mi frase ahora es Vé más allá. Antes de esto no había ni la noción de alguna palabra.
Día 6
Algunos días son de furia y contradicción, de rabia y de coraje. Al final de esos días mi voluntad queda lastimada, empujando al cuerpo a dormir temprano, a olvidarme. Mas un extremo de mi mueve hacia la dirección contraria y me empuja a respirar. Después de eso recupero mi vida.
Día 7
Los martes son días especiales. El dicho popular dice que es un dia en que uno no debe comprometerse. Ya una vez hace dos años tomé una decisión en día martes y mi vida cambió. Abandoné todo resabio de pretensión académica y desde entonces vivo mi vida como la todo hombre de edad media que trabaja en mi país estupidizado colectivamente por nosotros mismos, por la inercia que nos aleja de tomar las riendas de nuestras vidas y actuar.
Esta tarde me he sentido desfallecer por el cansancio, por percatarme una vez más de que las cosas en mi país son bastante distintas a como me gustaría que fueran. Estamos atrapados en una red de complicidad que nos mantiene en la mediocridad. Mediocres gobernantes, mediocres vecinos, mediocres estudiantes, mediocres nuestros sueños achatados, planos, tetos, miopes. Creo que olvidaré mi romántico sueño de redención colectiva de una vez por todas y deberé dedicarme a bien vivir mi vida. Creo que ya debo olvidarme de mis confusas pretensiones de correción hacia los otros y dedicarme a crecer con los que quiero.
Me releo y parezco el mismo adolescente entrampado en sí mismo, como si nada me hubiera sucedido en estos años.
Día 8
Un oftalmólogo revisa el interior de mi ojo izquierdo, sospechoso de sufrir en el futuro desprendimiento de retina. Por fortuna todo está bien: campos visuales en buen estado, retinas normales, un poco más de miopía lo que me conduce a decidir que sí, que voy a operarme pues quien sabe en el futuro si la vista sea crucial para mi sobrevivencia. Esta revisión médica ha sido importante para mi autoestima y le he puesto fecha probable a la operación. Reponerse de los impedimentos, corregir los defectos, parece que estoy tomando en serio mis acciones en la vida. Ufff, ni vale la pena preguntar por qué no lo hice antes. Lo importante es que lo estoy haciendo.
Día 9
18.25
Entiendo la rabia del hombre que mira las cosas que la mayoría no percibe y se desalienta ante la incapacidad por convencer a sus vecinos, más obstinados en continuar en el mismo tránsito que en modificar sus acciones. Siento ese coraje, esa rabia, y la manera más fácil de vivir es autodestruyéndome en el alcohol, en la droga, en el ostracismo o la locura. Otra solución sería convertirme en partidiario de alguna secta y dedicar mi energía a la salvación. La salida más difícil es continuar con una labor que quién sabe si algún día tenga sentido práctico. Convertir la rabia en palabras sin sentido es otra de las trampas en las que he caído. Convertir mi vida en un acto de amor hacia mi mismo es lo más incierto y hacia donde no hay camino.
Ya no quiero ser un adicto. Quiero vivir en libertad.
21.13
Cuando era adolescente y me pasaba la vida estudiando y viajando no tenía relaciones con las personas con las que vivía. Todo era mecánico, como un engranaje sórdido que quería evitar y me escapaba en la imaginación hacia fantasías, historias, frases. Cultivé la ficción en ese tiempo.
Esta noche me doy cuenta que el método me salva de mi mismo. Que si quiero conducir la imaginación hacia algo constructivo y contra mí, debo ejercer la ficción, y no debo temer ser el personaje principal. Eso es aprender a privilegiar, a distinguir.
21.16
Ficción uno.
Soy un agente comercial localizado en un cruce de caminos entre Cuba, Estados Unidos, Europa y Brasil. Es una era en la que se están perfilando futuros bloques económicos y distintas tensiones políticas. México es un sitio crucial pues es el país del tercer mundo más cercano al Imperio. Es una plataforma hacia éste o hacia afuera de él. Un país sin más importancia geopolítica que ésa, una sociedad incapaz de producir propiedad intelectual y sin más pretensión que vivir cómodamente en el hoy. Paso de la inmigración centroamericana. Soy un hombre de personalidad extraña en un puesto comercial crucial para Cuba en desarrollo tecnológico. Como buen mexicano vivo en la inconsciencia de mi sitio. Como buen mexicano también tengo una alta autoestima de la imagen falsa de mí y una bajísima autoestima sobre de quien soy en verdad y de lo que significo para mi mismo. Pese a ser hosco y poco social, padezco de los mismos rasgos sicológicos. En el tiempo en que vivo la localidad de una ciudad o un país ya no se definen en un estereotipo de vestimenta, pues ésta se ha globalizado al igual que la alimentación. Una vez que se han homogeneizado estas características físicas las psicológicas son más evidentes y uno puede ser sensible a esas variaciones. Como buen viajero miro donde pongo mis pies y me dejo seducir por lo nuevo y ésto que digo de mi es en lo que soy distinto a los otros, y cuando veo a las personas de mi país veo en que me parezco a ellas. Como si estuviéramos uniformados por la personalidad de una madre colectiva ¿Es ese el sentido de La Patria?
El décimo día
Hoy sucedió el solsticio de verano. La víspera fue tan tormentosa como imagino será un parto. El dolor físico fue fuerte esta mañana y me pesó despertar y ponerme en pie. Más trabajo físico que nada fue el día. Fue bueno desempolvarse y deshacerse de la basura ¡Depurar, renovarse. Qué intenso puede ser y que tan bueno! Quiero reestudiar inglés y esta noche saldré a escuchar música en vivo y ver amigas que no veo desde hace mucho. Quiero renovar mi vida y fortalecerme cuando todo alrededor parece derrumbarse.
Sentirme vivo a partir de este verano, cada vez rompiendo más el cascarón que me limita la realidad. Dejar de ser indiferente a mi indiferencia.
Día 11
La tarde es presa de la luvia y mi cuerpo del sueño. Celebré la llegada del verano con un par de amigas, bailando y bebiendo, contento con mi decisión de ponerle fin al ostracismo en que he deambulado en los últimos años. Decidí ponerle fin al aburrimiento en que ha caído mi vida, repleta de autoayuda terapéutica, de silencios y de convivir únicamente con una persona. Cambio una mano por todas las manos. La vida será mejor así aunque las señales del futuro no sean alentadoras en el beneficio material. De hecho, es como si esta nueva actitud hacia el mundo fuese una forma de prepararme para el desaliento que se avecina (en esta parte apuesto a mi mal tino en los vaticinios lo cual reafirma mi afinidad hacia el pesimismo).
Ficción 2. Me imagino un artista oculto en el subterráneo de lo cotidiano. Me supongo un escritor que maneja la foto, el collage y la escritura para expresar sus sensaciones. Me miro como un oficinista que debajo de su disfraz común y corriente esconde formas de expresión que solo desarrolla para sí, hasta que un día se percata que ha creado un gusto muy especial que sale hacia el mundo, para que otros lo miren y lo enriquezcan. Me imagino viviendo los últimos años de mi vida en plenitud, bastante sabio de mí como para guardar silencio y sólo actuar.
La ficción se confunde con la realidad y la primera vez que me sucedió siendo ya adulto me fue difícil distinguir los linderos, entonces caí en trampas sucesivas que me hubieran arrastrado, de haberlas concretado, a una vida extraña y distinta a la que tengo ahora. Fue mi propia inconsistencia lo que me salvó, paradójicamente. En ese tiempo no existía el concepto de inconsistencia en mi bagaje, cuando era un hábil practicante. Uno no se sabe tuerto hasta que acepta que está deficiente en su visión
Día doce
Continúo manteniendo el esfuerzo por salir del aburrimiento. Retorno a mis fotografías,a mis collages, a la organización de mi taller de trutrú terapéutico. Pienso mucho en asuntos que me interesan, en los que estoy involucrado o en los que me quiero entrometer. Creo que estoy articulando un discurso, una base teórica que sustente mi trabajo experimental con la vida. Miro al mundo de mi entorno como la materia prima de mis sueños y sólo queda en mi el realizarlos. Aclaro, depuro y me propongo llevar mis tareas de autoayuda a la altura del Arte.Sólo así quedaría satisfecho, supongo, mas es difícil estar satisfecho si en la autoayuda yo mismo me propongo revolucionar mi pensamiento y a partir de él lo que me rodea. Revolucionar mis ideas, mis concepciones del mundo, mirar con esos ojos internos al exterior y aprender a actuar en él. Quiero abrir puentes comunicantes entre mis pensamientos y mi entorno. Cada día lo veo como un peldaño distinto en esa conquista de mi mismo. Derribar mis barreras, dejar ir a los temores que ya no me pertenecen. Vivir por mi y con los míos.
Día 13, luna llena
Me siento renovado. He dejado las cargas inútiles y encuentro esperanza al actuar. Todo ese mundo que en ocasiones me preocupa ha disipado su manto de pesadumbre y me encuentro con que puedo cambiarlo. Estoy contento porque estoy encontrando la forma de hacerme escuchar y sentir por los otros.
A diferencia de las noches de luna llena de invierno y de primavera, esta primera luna llena del verano me causa extrañeza. La luna saldrá por un ángulo distinto y éste impide que ilumine con su luz el interior de mi casa. Paradójicamente, es ahora cuando me siento más en contacto con el exterior. Encuentro en mi la energía de mi adolescencia y también la madurez del adulto que soy y que no teme enfrentar a su entorno. Me encuentro valiente, decidido, fuerte. Doy gracias a mi ser por estar en contacto conmigo y a mi persona por buscarlo.
Esta noche de luna llena doy gracias.
Día 16
No quiero calificar de inconsistencia mi falta de atención hacia este escrito los dos días anteriores. No había nada que escribir. A veces pienso que es pura inercia lo que me empuja hacia el teclado, como una gimnasia dactilar que difícilmente redundará en un escrito que podría interesar a un tercero. Lo pienso más de una vez y ya no me importa. Continúo dejando plasmados estos pensamientos como el practicante de yoga que deja ir las ideas que lo persiguen: les abre la puerta para que salgan, las ve pasar y se vacía de ellas.
Hoy ha caído una lluvia intensa. Me he empapado. Hacía tres años que no me dejaba mojar por la lluvia y la última vez que me dejé llevar, perdí el miedo a sentir el agua fría y disfruté saltando entre los charcos. Esta vez temía que mi cuerpo caliente por el ejercicio se enfermara. Todo sale bien después de la ducha tibia y de una cena que fortalecerá mi actitud.
En lo cotidiano me sorprendo de la serenidad con que tomo las cosas. Me sorprendo de la lucidez que a veces puedo expresar en mis ideas y en mis actos. Cada día dudo menos y se que puedo argumentar y resolver. Me siento como si estuviera rehabilitándome, activando partes de mi que estaban olvidadas, dormidas, anquilosadas, entumecidas por la inacción. No me fijo un objetivo preciso. Mi experiencia me indica que sólo la acción sostenida rinde frutos que aparecen y no se perciben en primera instancia, pero que son sólidos, duraderos y que pueden desarrollarse por ellos mismos.
Caen rayos. Una tormenta humedece la ciudad. Noche de jueves. A pesar del tumulto de cambios que suceden en el mundo se que podría afrontar lo peor con entereza. La luna llena ha sucedido.
Día 17
Es viernes de nuevo y luce distinto al de hace una semana. Ahora me he duchado y citado a un amante maduro, inconstante y extrañamente fraternal que hallé en el barrio hace unos meses. Me dispongo, mientras llega, a organizar mi escritorio. Aparece imágenes olvidadas que me gustaría mezclar en mis hojas blancas, aquellas que en ocasiones me asustan ante el vacío de ideas como me asustaba cuando adolescente el no saber qué escribir.
Parece que se continúan rompiendo los diques que me contienen todavía ¿Cómo será cuando el torrente fluya en total libertad?
Día 18
Es imposible decir no a la felicidad, a ese atisbo del paraíso que la intuición te indica encontraré en el proceso de conocer a un hombre maravilloso que encontré anoche en una de las sucursales del infierno. El era Plutón y Eurídice al mismo tiempo, y yo era Orfeo en el intento de seducirlo con palabras, juego amable bajo la música llorona de los mexicanos en un albergue grosero para la lujuria.
Lo reencontraré esta tarde y como siempre cargo conmigo el temor de un desencanto, como si no pudiera librarme de las historias previas tantas veces repetidas, como si en verdad no estuviera atendiéndome en el mundo y no supiera como lidiar con mis demonios.
En verdad que debo hacerlo.
Día 19
La velada ha sido extraordinaria con el nuevo hombre en que me estoy transformando, y la forma en que me presento ante el otro nuevo hombre que he conocido y con quien he compartido mi lecho, a quien he acariciado como hacía mucho no acariciaba a nadie, a quien he besado con una ternura que pensé ya había exiliado de mi vida.
Al amanecer glorioso le sucede un mediodía de confesiones que me genera pesadumbre. Me enojo conmigo mismo por permitir que la molestia de otro me contagie. Detesto esas transferencias. Detesto mis puentes cuando por ellos entra el reproche de otros hacia mí, haciéndome sentir el culpable absoluto de situaciones donde había corresponsabilidad de varios.
Así transcurre la tarde. He pasado del infierno a la terapia y del gozo a la tristeza. La noche vendrá dentro de poco y ojalá algo nuevo suceda en las siguientes horas.
Día 20
El día 20 fue ayer, asi que pasaré al veintiuno.
Día 21
Me he enamorado y puedo observar ese sentimiento como una flama que me consume y pretende devastarme en mi conjunto. Me siento como un aprendiz de equilibrista que todavía conserva lastres que le inducen a la caída. Anoche decía que contemplo este enamoramiento como un reflejo, un acto de esa inercia que me conduce a la obsesión y al destierro. De repente me descubro enfrascado en la memoria de los momentos pasados con el amado y rompo la cautela que me ha movido en estos días. Cedo a mis impulsos de autosabotaje y me encuentro cínico al practicarlo. Pareciera que no puedo liberarme del estigma de la infelicidad y hago todo lo posible por volver a vivir bajo su signo.
En verdad que no quiero eso.
Día 22
A veces me descubro al borde de la inconsistencia y reacciono con equilibrio. Noto entonces que abuso de la palabra descubrir, como si esta fuera temporada de descubrimientos.
Miro junto a la laptop retazos de fotografías de pelícanos en el mar. Me atrae las ganas de hacer un collage con ellas. Tengo ganas de inventar una imagen.
Día 24
(madrugada)
Sudé en exceso la alegría de sentirme vivo y de ser capaz de hacer cosas por mi mismo, como esta noche el haber salido a bailar a un sitio desconocido y nuevo. Soy feliz por haber compartido con otros mi vitalidad, aunque en este frenesí de la vida mi cuerpo vaya agotándose de cansancio.
El sudor elimina aquello que no sirve. Adoro mi sudor, mi olor a carne humana. Con él se van mis obsesiones y mi dolor.
Día 24, cerca del mediodía
Veinticuatro es un número especial, no cabalístico estrictamente hablando pero es el producto de multiplicar 4 x 6, un número cabalístico por otro de poca monta. Siempre he pensado que el producto de la mezcolanza, de la recombinación entre las antípodas son productos interesantes. No tienen la calidad excelsa de lo especial, de la élite, del clan de los elegidos, pero tampoco son evidentemente distiguibles como parte de lo ordinario. En este momento me miro a mi mismo como un veinticuatro, producto sin mucho que decir más que ser por doble partida mestizo, tanto de 4 x 6 y como de 3 x 8.
Día 25
Lo escrito el día veintiséis lo escribo en el espacio correspondiente al veinticinco, pues así se me ha ocurrido como remedio para compensar mi falta de ayer. Mas me he compadecido porque ayer escribí una carta imaginaria en mi lección de inglés que equivale a un escrito como éste. La carta narra uan historia que combina la miseria con la búsqueda extrema de la belleza: una noticia que leí en un diario de Salvador de Bahía sobre la muerte de una joven sirvienta a causa de una infección generalizada que le provocó una inyección de silicona. Ella quería mejorar su cuerpo por lo que contrató los servicios de una trasvesti que decía saber inyectar el material. Mas ambos no contaban con que su ignorancia los llevaría a tan trágico final. El travesti era analfabeto y le inyectó a la joven silicón industrial con una jeringa, sin menor idea de la asepsia de un proceso así.
Esa historia se me quedó grabada y es como una historia típica del Brasil, donde se combinan el deseo por sobresalir con la ingenunidad típica de los países latinoamericanos.
Esto es lo que quería contar hoy sobre lo que conté ayer.
Día 27, es posible, Quién sabe
Una nueva experiencia es hacer algo que normalmente no harías. Ese es el crossover.
Día 28
What about the next day?
Al día siguiente aún no amanecía y si ganas de dormir, vengo a este teclado a contar lo acontecido. Soy capaz de romper mis propios paradigmas, ser más libre en mis decisiones. Soy capaz de experimentar y dirigirme hacia la frontera para hacer un crossover.
Me pareció importante registrar lo hallado esta noche.
Día 29
Otra vez escribo en las primeras horas del día, apenas pasada la medianoche. Me acompaña la música y un viento suave y fresco. Llovió y el sonido de los autos interrumpe el silencio en el barrio. Son sonidos de agua, de charcos.
Ha sido otro día para experimentar una vida distinta, lejos de mis actos obsesivos, de mis persecusiones hacia otro. Me reinvento la vida y ya no me importa que suceda hacia el futuro. Le pierdo el temor al futuro, me de liberado de mi pasado y me deslizo con soltura, con cautela, con cierta temeridad. Voy más allá cada vez.
Día 31
Desaparece la cuenta de los días. Me olvido de esta escritura y continúo. Estoy posiblemente en la mitad de mi vida. Treinta y tres años y enfrente está la cirugía que me aliviará la miopía que me ha acompañado toda la vida. Experimento los últimos días de esta condición a pesar del terror que me da la ceguera de mis pesadillas paranoicas. Todo parece quedarse en suspenso mientras sucede este evento que marcará un parteaguas en mi visión del mundo.
Toda una vida mirando sólo una fracción de lo visible. No es tan impactante como cuando uno ha sido ciego y recupera la visión ¿En qué clase de persona voy a convertirme? ¿Sucederá algo parecido a cuando me redescubrí zurdo y me asimilé en otro ámbito? ¿Cómo cuando asumí totalmente mi personalidad homosexual?
Día 33
Se acerca el fin de la cuenta de estos días, del final de este texto escrito que relata mis últimos días como miope. Voy aceptando que el evento tendrá una fase de sacrificio de mi cuerpo.
He practicado el hatha yoga habienndo fumado mariguana. Mi cuerpo adquiere más flexibilidad al concentrarme más fácilmente en mis músculos y relajarlos. Algunas posturas me son difíciles aún, sin embargo los cambios me son cada vez más visibles: desde una fase de crecimiento acelerado hasta una estabilización que se conlleva de una práctica constante y consistente. Soy feliz pues siento que voy encontrando el equilibrio en todos los aspectos de mi vida. Me siento más completo.
El procesador de palabras marca las oraciones que fallan a las reglas de la sintaxis. No le había prestado atención. Seguramente este programa tiene reglas muy bien definidas y directas, pues señala las oraciones compuestas. Será que mi estilo de escritura es enrevesado y sólo yo entiendo aquello que a los otros les cuesta trabajo leer. Sobre todo si no leen, sobre todo si su alimento del lenguaje proviene de la televisión.
Creo que mi visión tridimensional mejorará después de la cirugía. Aprenderé a ver mejor. Eso espero. Salgo a contemplar el paisaje de la terraza. Es plano. Me cuesta trabajo admirar los volúmenes. Estoy tan interesado en que la cirugía suceda para comparar y escribir después sobre la diferencia.
Día 34
Recientemente ya no consigo el sexo fácil que solía hallar en internet. Mis últimos encuentros han sido de mucha filosofía de la vida y algo de sesera. Me gusta esta aparente mala suerte.
He encontrado desconocidos de mi generación, educados, actuando en su cotidianeidad. Parece que no vivieron sus crisis tan profudamente como yo. Me gusta saber que puedo emparejarme, que puedo continuar a su ritmo después de un periodo en el que caí en la desazón, en el nihilismo.
Me gusta reescuuchar músicas viejas. Me gusta tocar la misma música en distintos aparatos. Muchas formas de la sensibilidad siguen siendo exploradas y son tan infinitas como el universo mismo. Cada quien su búsqueda. Cada quien con sus límites y estándares.
Día 35
Comienzo a recuperar la esperanza en ser alguien como los demás, sin temor a la vida y confiando en el amor. Resulta que esta palabra ha sufrido de muchas manipulaciones en el curso de mi historia y desconfío de ella, más ahora estoy encontrando el concepto de lo que esta palabra implica. En nombre del amor me he mentido y me he negado. Eso no era amor. Cúan confundido, cuán ciego crecí al amor verdadero, ése que es imposible definir.
UNA NUEVA CUENTA
Después de la operación mi fascinación por la nueva vista me alejó de la escritura, del cine, Todas aquellas actividades basadas en mirar hacia un solo plano me distraían. Como si el mal mirar generara vicios visuales. Perdí la cuenta de los días marcados en las páginas anteriores. Perdí la vieja noción de las cosas y adquirí otras. Me siento otro, el ya completo.
Antes de la operación tenía miedo a pararme de cabeza en el Hatha Yoga. Después pude hacerlo y poco a poco he ido avanzando en el dominio de estas asanas. Mi fortaleza física ha mejorado, así como mi lucidez. He dicho a un amigo cercano que pareciera que se han drenado algunos ductos que estaban obstruídos y que impedían mi integridad. Componentes de mi mismo que no estaban conscientes unos de los otros. La vida es distinta desde esta perspectiva que día a día es distinta.
Me siento como el que avanza en un camino sin fin. Ese camino que se forja día a día me conduce a explorar partes de mí a medida que conozco más el mundo.
Comienzo a identificar cuáles son las vertientes que me agradan y cuáles no. Puedo seleccionar las rutas más cortas, o las más largas, o las más fáciles o difíciles, sin temor de perder o de ganar o de que simplemente no suceda nada.
Es una cuestión de aceptar el desapego.
Un sábado, el segundo de noviembre.
Bajo la influencia del alcohol, del café y de la mota, sobrepuesto de una noche de éxtasis, me reconozco como el mismo de siempre mas nuevas experiencias que me hacen reconocer la extensión de mi cuerpo. No lloro,
no sufro. La vida sucede tal y cual es. Los objetos son visibles. Lo sutil es un producto de mi pensamiento y éste es impuro, pese a su pretensión de ser racional y limpio. Pamplinas. La tarde sucede entre las ansias de sexo y de extravío. La conducta pura que he tomado en los últimos meses me coducen a la conclusión de que no hay vida sin gozo de la misma. Me canso de ser una máquina que produce. El mundo es más ancho que mis pretensiones de salario.

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