Sunday, July 09, 2006

Desde Brasilia

Conocí Brasília al fin, a los 33 años, y tres semanas después de la cirugía que me corrigió la miopía. Yo decidí la coincidencia feliz. Realizar un sueño de la infancia me ha generado una satisfacción enorme y eso me ayuda a bienvivir. Conocí una ciudad consagrada al Estado brasileño, concebida por un líder carismático y con tintes megalomaníacos para fundar una ciudad-monumento-mausoleo a su memoria y a la del arquitecto de la ciudad. Juscelino Kubrischek y Oscar Niemeyer crearon un gran funeral para ellos mismos que aún persiste en las extrañas vidas de los brasilienses nativos, individuos que aún no se reconocen con una identidad propia y misma que traté de discernir a partir de observar sus apartamentos funcionales, sus tiendas ordenadas, sus avenidas amplias y las ventanas que permiten no sólo ver el edificio de enfrente sino también el horizonte amplio de una ciudad pensada para estimular visualmente a sus habitantes con el orden y su contraste con el cielo.

Curioso gusto el mío. Brasília, una ciudad situada en el extremo arquitectónico de la ciudad de Oaxaca en donde nací, donde la conservación de lo antiguo es ley y allá donde todo lo nuevo es bien recibido.

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