Higyenópolis, barrio de Sao Paulo, Brasil
Se trata de un barrio en el centro de Sao Paulo, en Brasil. Sólo en un país como ése podría existir un barrio con ese nombre, fundado en la década de los 30 cuando las familias ricas de la ciudad decidieron construir sus casas en ésta área, lejos de los pobres sucios y enfermos. Hygienópolis era “ciudad higiénica”. Los años pasaron y esa intención se olvidó con el advenimiento de los antibióticos. He visto en Hygienópolis a un hombre que vive bajo un árbol, justo afuera del club de los sucesores de los fundadores del barrio; un club que se sospecha financía a grupos paramilitares de ultraderecha. También he visto a una mujer que esculca en la elegante basura de los vecinos. Se distingue por usar un enorme sombrero de terciopelo negro con forma de hongo. Ellos demuestran que la intención original del barrio ha caducado ¿Democracia ahora y antes no? No lo creo. El mundo se transforma cuando el conocimiento se aplica y se disemina. Los hombres con conocimiento tienen menos barreras que aquellos que se aferran a la tradición. El conocimiento hizo posible a los antibióticos y ello disminuyó el temor de los higienopolistanos de infectarse por el tránsito de los pobres por sus calles.
Hygienópolis es un barrio poblado de torres condominio, con siluetas atractivas, curvas sensuales y colores espléndidos. La ausencia de terremotos propicia las construcciones verticales elevadas. Algunos hombres se rentan para limpiar las torres, para que luzcan acorde con el nombre del barrio. Sus habitantes usan ropa de moda y van a los gimnasios que abundan en la zona. Cuerpos sanos en mentes sanas, esa es la premisa.
En ninguna otra parte de los países que conozco he visto este concepto de la ciudad limpia con un nombre tan obvio. Las Hygienópolis existen en la ciudad de México, son las zonas residenciales del poniente en las que no hay transporte público y el acceso es sólo por auto, donde los guardias de seguridad privada impiden el tránsito de los autos sospechosos. Un auto jodido es un auto sospechoso, por default. Barrios donde se concentran los personajes de las élites: extranjeros que han hecho fortuna en México, los criollos inefables que tienen preferencia para ocupar los puestos de alto mando o los mestizos hábiles en el juego de las relaciones públicas o diestros en el corrupto arte de la política mexicana. Las Hygienópolis mexicanas se nombran con sustantivos como colinas, lomas, bosques, paseos. Evocan parajes silvestres, incitan a evocar la pureza natural. Detrás de todo hay eugenesia, racismo, segregación. Por los comerciales en televisión y las telenovelas que los representan los conoceréis.
Me mueve la envidia, seguro, o el resentimiento. Me mueve también el gusto de contemplar las torres de Hygienópolis desde mi ventana de hotel. Para conocer al monstruo por dentro no hay que temerle. Una vez que el prejuicio de la ideología ha sido expulsado, todo es más fácil de entender.
Si los latinoamericanos no pretediéramos ser tan idiotamente intelectuales, otro gallo nos cantaría.
Hygienópolis es un barrio poblado de torres condominio, con siluetas atractivas, curvas sensuales y colores espléndidos. La ausencia de terremotos propicia las construcciones verticales elevadas. Algunos hombres se rentan para limpiar las torres, para que luzcan acorde con el nombre del barrio. Sus habitantes usan ropa de moda y van a los gimnasios que abundan en la zona. Cuerpos sanos en mentes sanas, esa es la premisa.
En ninguna otra parte de los países que conozco he visto este concepto de la ciudad limpia con un nombre tan obvio. Las Hygienópolis existen en la ciudad de México, son las zonas residenciales del poniente en las que no hay transporte público y el acceso es sólo por auto, donde los guardias de seguridad privada impiden el tránsito de los autos sospechosos. Un auto jodido es un auto sospechoso, por default. Barrios donde se concentran los personajes de las élites: extranjeros que han hecho fortuna en México, los criollos inefables que tienen preferencia para ocupar los puestos de alto mando o los mestizos hábiles en el juego de las relaciones públicas o diestros en el corrupto arte de la política mexicana. Las Hygienópolis mexicanas se nombran con sustantivos como colinas, lomas, bosques, paseos. Evocan parajes silvestres, incitan a evocar la pureza natural. Detrás de todo hay eugenesia, racismo, segregación. Por los comerciales en televisión y las telenovelas que los representan los conoceréis.
Me mueve la envidia, seguro, o el resentimiento. Me mueve también el gusto de contemplar las torres de Hygienópolis desde mi ventana de hotel. Para conocer al monstruo por dentro no hay que temerle. Una vez que el prejuicio de la ideología ha sido expulsado, todo es más fácil de entender.
Si los latinoamericanos no pretediéramos ser tan idiotamente intelectuales, otro gallo nos cantaría.

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